Devorando libros con extra de libro

[artículo publicado originalmente el 27 de abril de 2012 en el extinto blog Lecturas en femenino dependiente de la plataforma Libros.com. Pincha aquí si quieres consultarlo completo]


Hoy, como traca final del 23 de abril, queremos hacer las delicias de las fanáticas y fanáticos del mundo del libro al hablaros de aquellos relatos escritos por mujeres, para jóvenes y mayores, que se sumergen en los misterios de la lectura y de las gentes que tratan con ella: lector@s, librer@s, bibliotecari@s… lo que equivale a decir que la Bibliotecaria Maleducada ha estado en su salsa toda la semana mientras recopilaba los títulos para redactarla.

Quienes leemos como si con ello tuviéramos en nuestro poder un arma de destrucción masiva que nos hiciera intocables nos gusta vernos reflejados de vez en cuando en esos mismas historias que caen en nuestras garras, identificarnos con personajes que matarían por proteger un libro, reírnos entre dientes de nuestras pequeñas debilidades inconfesables, mandando la dieta de la celulosa a hacer gárgaras y devorando una ración con extra de libro.

Podríamos empezar con 84 Charing Cross Road, de Helene Hanff, una pequeña joya que recoge la correspondencia que mantienen a lo largo de varias décadas una excéntrica escritora neoyorquina y un librero de Londres que trata de satisfacer sus extravagantes y complicadas demandas.

Continuaríamos con El Cuento Número Trece, de Diane Setterfield, una novela de misterio que relata lo que ocurre cuando una vieja escritora acostumbrada a mentir y una joven librera empeñada en saber la verdad se encuentran.

Otra historia curiosa es la de Dewey Lee Más Libros, el gato bibliotecario más famoso del mundo, narrada por la bibliotecaria que lo recogió, Vicki Myron: en una noche fría Vicki, bibliotecaria de un pequeño pueblecito de Estados Unidos, decide acoger a un gatito diminuto que alguien abandonó en el buzón de devolución de libros de la biblioteca. Desde entonces, el animalito (bautizado Dewey Lee Más Libros en honor a un célebre bibliotecario, como no podía ser de otro modo), se convierte en indispensable para el funcionamiento de la biblioteca y para la vida de empleados y usuarios de la misma.

En Los guardianes del libro, por su parte, Geraldine Brooks aborda el tema de lo peligrosa que puede ser la bibliofilia: Hanna, una joven bibliófila, se traslada a Sarajevo para restaurar un valioso libro, tras lo que comienza a vislumbrar que tratar con ese libro puede poner en riesgo su vida y la de otras personas, como la del también joven bibliotecario Ozren Karamen.

Volviendo a ambientes menos temerarios, en Signatura 400, Sophie Divry que, desde la anónima voz de una bibliotecaria neurótica y desencantada con la vida, da cuentas del día a día en una soledad mitigada por la fuerza consoladora de la literatura y las sorpresas que, de vez en cuando, le producen los buenos lectores que visitan la biblioteca.

Rompiendo fronteras, Asne Seierstad nos invita a visitar Afganistán para encontrarnos allí con El librero de Kabul, un hombre capaz de cualquier cosa para seguir adelante con un negocio tan problemático en su país y nos describe desde dentro una sociedad tan fascinante y contradictoria como la afgana.

De nuevo en Occidente, encontramos La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey, de Mary Ann Schafer y Annie Barrows. En este volumen, las autoras, tía y sobrina que han ejercido de libreras, de bibliotecarias y de editoras, escriben una novela epistolar con evidente acento británico donde se nos describe una galería de personajes profundamente peculiares, todos amantes de la literatura, que intentan sobrellevar la ocupación nazi organizando reuniones de lectura sobre novelas clásicas, alrededor de un pastel de patata.

Y de norte a sur de Europa nos trasladamos a Italia para conocer a Giulia Alberico, hija de una maestra rural a la que acompañó por diferentes pueblos y escuelas, que en Los libros son tímidos nos habla de su amor por los libros, descubriéndonos la autobiografía de una lectora a través de los títulos que la han acompañado desde que era niña y adolescente (en la Italia de los años 50 y 60), hasta el día de hoy.

Retomamos el universo de las librerías de la mano de Penelope Fitzgerald con un relato titulado precisamente La librería, que nos cuenta las peripecias de Florence Green para lograr que en un pequeño pueblo, en 1959, triunfe esa librería que ha decidido abrir para extrañeza e incluso resistencia de los habitantes del lugar.

Para ir cerrando el menú nada mejor que hacerlo con Lo mejor que le puede pasar a una agente literaria, de Debra Ginsberg, donde se nos presenta a la fanática de la literatura Angel Robinson, que debe buscar un nuevo empleo cuando la librería en la que trabajaba echa el cierre. Gracias a un anuncio que le enseña su novio, un escritor en ciernes, Angel empieza a trabajar poco después como ayudante de una famosa agente literaria, donde, además de verse obligada a demostrar día a día su valía, debe desentrañar un misterio: llega a sus manos el primer capítulo de un extraño manuscrito que parece recrear episodios reales de su propia vida.

De postre, una pizquita de ciencia ficción con Los lectores del país de las aceitunas, de Christine Aziz, novela ambientada en 2300, un futuro aterrador donde los países han sido sustituidos por las multinacionales y los ciudadanos han pasado a ser meros empleados de un mecanismo de producción infernal. Los libros y todo atisbo de cultura han desaparecido y cada zona del mundo se dedica a un sector concreto de la producción bajo el mando de la Federación de compañías. En una incursión al País de las Aceitunas, los soldados del País del Agua se llevan a Hephzibah, que ha seducido a uno de los soldados y que no ha dudado en asesinar a su mujer. La hermana de Hephzibah, Jephzat entrará entonces en contacto con Homer, vinculado a un grupo de insurgentes dispuestos a rebelarse contra el orden establecido. Con ellos, Jephzat conocerá los libros y desarrollara sus ansias de justicia y libertad.

No está mal acabar con un alegato a favor de la literatura como alimento de un pensamiento libre, ¿no estáis de acuerdo? Por cierto que tanto libro ha abierto mi apetito. Os dejo, mis maleducad@s lector@s, no sin antes recomendaros el menú infantil y juvenil y las tapas y pinchos: me voy a dar un atracón… con extra de libro. ¡Ñam ñam!

Menú infantil y juvenil

  • ¡No me gusta leer! (Rita Marshall)
  • ¿Dónde está el libro de Clara? (Lisa Campbell Ernst)
  • A sopa de letras (Amaia Crespo)
  • El libro favorito de Carlitos (Julia Donaldson)
  • El misterio de las letras perdidas (Alicia Barberis)
  • El mono que quería leer (Norma Struniol)
  • El secuestro de la bibliotecaria (Margaret Mahy)
  • El tesoro del hada (Gwyneth Rees)
  • Guillermo, ratón de biblioteca (Asun Balzola)
  • La aventura peligrosa de una vocal presuntuosa (Angelina Gatell)
  • La bibliotecaria de Basora: una historia real de Iraq (Jeanette Winter)
  • La niña que odiaba los libros (Manjusha Pawagi)
  • La señora de los libros (Heather Henson)
  • León de biblioteca (Michelle Knudsen)
  • Lleva un libro en la maleta (Virginia Read Escobal)
  • Magia en el libro (Nina Bernstein)
  • Otto, el oso de libro (Katie Cleminson)
  • Saga Mundo de Tinta (Cornelia Funke)
  • Soños de andel (Susana Lamela)
  • Temores (Anne Fine)
  • Un regalo para Kilo (Luisa Villar Liébana)

Tapas y pinchos:

libro-manantial-2

¿Dónde empieza y dónde acaba el libro?
Autor: Pulo. Licencia: CC BY-NC-ND 2.5 ES
Fuente: Blog “Los cuatro elementos”

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