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Las cruzadas de Sigrid Undset

En 1928, sólo dos años después del segundo Nobel de literatura concedido a una escritora-Grazia Deledda, de la que ya hablé en el blog-, el galardón vuelve a recaer en un nombre de mujer; más concretamente, en el de la autora noruega -aunque nacida en Dinamarca en 1882- Sigrid Undset.

La vida de Sigrid Undset resulta fascinante -y dulcemente maleducada- para quienes nos acercamos a ella por primera vez, repleta de pequeñas cruzadas englobadas bajo la defensa acérrima de la libertad. A los dieciséis años, ante la inesperada muerte del padre, ve truncados sus estudios en Oslo -no podrá ir a la Universidad- y debe ponerse a trabajar, encontrando empleo como secretaria en una importante -según Wikipedia– empresa de ingeniería. En 1907 publica su primera novela, La señora Marta Ulia, que marcará el inicio de una carrera literaria más o menos prolífica donde no faltan títulos influenciados por su condición de género, como el ensayo Punto de vista de una mujer (1919) donde, además de considerar al hombre como fuente de desgracia femenina, defiende la maternidad como culmen del ser mujer, en oposición a la óptica de la mayoría de la corriente feminista:

A las mujeres de hoy se les permite trabajar en la industria, en las oficinas o conducir autobuses; y algunas llegan a ser ministras, inventoras o geniales artistas… Lo mismo que muchos hombres, la mayoría de las mujeres pueden llegar a ser unas mediocres conductoras de autobús. Sin embargo, por muy mediocres que sean, tan sólo ellas pueden llegar a ser madres.

Esta cita la localicé en Google Libros, como encabezamiento de un capítulo de la obra El tiempo de las mujeres: notas para un nuevo feminismo, escrito por Janne Haaland Matláry y publicado por la editorial católica RIALP en 2002.

El argumento es muy semejante al que usa el detective adolescente protagonista de la novela juvenil Alfagann es Flanagan, de los autores Andreu Martin y Jaume Ribera, citando, precisamente, en una curiosa intertextualización, la novela de uno de sus creadores, Andreu Marin, El hombre de la navaja. Simplifica Flanagan, sobre la “guerra” entre hombres y mujeres, cuando dice que el origen hay que buscarlo ahí:

– Que los hombres tenemos una envidia terrible de las mujeres. (…) Envidia mortal. Desde el inicio de los tiempos. Una envidia destructiva, como todas las envidias. (…) De que podéis ser madres, y nosotros no.

Volviendo a Sigrid, no entraré en valoraciones sobre su perspectiva feminista, ya que se trata, justamente, de un “punto de vista”, de una escritora, en concreto, que cinco años después de salir este ensayo a la luz se convertiría al catolicismo (1924), hecho reprobado por la sociedad protestante de su entorno, lo que agudizó su apuesta tajante por el derecho de libertad religiosa, valiente cruzada en un país marcadamente antipapista. Llegó a profesar como Dominica seglar en 1940, durante su exilio en Estados Unidos por su férrea oposición a los nazis -otra nueva cruzada-, que en aquella época ocuparon buena parte de Escandinavia. Sigrid Undset morirá en 1949, ya de vuelta en su tierra natal tras la terminación de la II Guerra Mundial.

No sé si es gracias a su condición como ganadora del Nobel, pero es posible encontrar obras suyas en español, entre las que se encuentran Olav Audunssön, una de sus obras más reconocidas, o La zarza ardiente, que refleja en parte su experiencia religiosa.

Para saber más:

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