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Un grito de dezespero

[artículo publicado originalmente el 20 de abril de 2012 en el extinto blog Lecturas en femenino dependiente de la plataforma Libros.com. Pincha aquí si quieres consultarlo completo]


No, el título no contiene ninguna errata: está escrito en judeo-español, la lengua que hablaban los judí@s que residían en el Reino de Castilla (sefardíes) en 1492, y que fueron obligados, mediante el Edicto de Granada, y en años subsiguientes en el resto de la Península, a convertirse al catolicismo o abandonar el país en un corto plazo de tiempo. A pesar de todo, una parte de est@s judí@s siguieron llevando a Sefarad (España) en su corazón, e identificándola con la Tierra Prometida, hasta el punto de que hoy todavía podemos escuchar hablar judeo-español en pequeñas comunidades judías.

Ayer, 19 de abril, algun@s de ell@s estarían en Israel, donde se ha conmemorado el Yom Hashoah (Día del Holocausto), motivo por el que han sonado las sirenas aéreas durante dos minutos, como “un grito de dezespero“, y los corazones se han retorcido entre el desgarro del pasado y el latido del presente. El sonido vibrante y monótono hace llover sobre Israel el silencio de las víctimas inocentes de la Shoah, el gran Holocausto que sacudió principalmente al pueblo judío, conduciéndolo a un exterminio planificado e inhumano, de colosales dimensiones, que buscaba herirlo de muerte. Otro año más, las banderas han ondeado su luto a media asta, mientras las sirenas sonaban. Y comprendo que rompen el silencio para hacer que en los corazones, más allá del pasado y del presente, sople un futuro sin miedo.

Yo estuve allí, en Birkenau, en Auschwitz, pisé esos caminos de grava, toque las paredes de ladrillo cocido, me ahogué en las salas que hablaban de los que entraron para nunca más salir, y me dejé atropellar en las vías de los trenes que arrastraban gente, con sus vidas desgajadas como pétalos, como si fuera ganado. Dicen que quien olvida el pasado está condenado a repetirlo: yo no olvido.

Por eso, hoy, un día después de que en Israel recordaran a todas las víctimas de la barbarie nazi, os propongo que vosotr@s tampoco olvidéis. Contra el olvido, la mejor medicina es la literatura.

Me acuerdo de ti, aunque nadie se acuerde de tu nombre. Me acuerdo de tu familia y de aquellos a quienes llamabas amigo y amiga. Aunque no sé todos tus nombres. Bruno, Jura, Ilse, Janusz, Max, Heinz, Milena, Johannes, Auguste, Jizchak, Benno, Noor, Margot, Elkan, Moisés, Otto, Vera, Susanne, Víktor, Herbert, Maximiliano, Alma, Fritz, Else, Gertrud, Adam, Yolande, Erich, Anton, Victor, Walter, Hans, Daniël, Rutka, Olga, Dietrich, Petr, Arno, Selma, Erich, Karl, Abraham, Titus, Felix, Sim, Mafalda, Richard, Hanneli, Helga, Vladislav, Karel, Ruth, Paul, Sándor, Grete, Jean, Erwin, Rudolf, Peter, Herschel, Robert, Ottilie, Pavel, Henriette, Eleuterio, Julius, Hermann, Tadeusz, Helmut, David, Albrecht, Georg, Etty, Theodor, Gustav, Magda, Jakob, Mordejach, Anneliese, Ester, Liana, Helga, Irène… Anneliese, Ester, Liana, Helga e Irène. Ana Frank, Etty Hillesum, Liana Millu, Helga Deen e Irène Némirovsky: mujeres que vivieron el horror en primera persona y dieron testimonio de él a toda la Humanidad a través de sus textos, y no nos referimos sólo a las condiciones genocidas de los campos de concentración y exterminio (ya que en general fallecieron sin tener ocasión de relatarlas) sino también a las humillaciones, vejaciones y temores que pasaron antes de ser deportadas a ellos.

Nos han legado sus diarios (Ana Frank, Etty Hillesum, Helga Deen…), sus relatos (Liana Millu), o sus novelas (Irène Némirovsky).

–> Diario de Ana Frank: Tras la invasión de Holanda, los Frank, comerciantes judíos alemanes emigrados a Ámsterdam en 1933, se ocultaron de la GESTAPO en una buhardilla anexa al edificio donde el padre de Ana tenía sus oficinas. Eran ocho personas y permanecieron recluidas desde junio de 1942 hasta agosto de 1944, fecha en que fueron detenidos y enviados a campos de concentración. [Fuente: Lecturalia]

–> Diario de Etty Hillesum: Tras haber vivido el cerco cada vez más asfixiante y opresivo del nazismo, Etty (con 27 años) y su familia, negándose a vivir escondidos, se entregan a las SS y son deportados a Auschwitz. Su testimonio relata una sobrecogedora fe en las personas y la esperanza de que, a pesar del horror, siempre habría alguien que esperaría su regreso. [Fuente: Casa del Libro]

–> Diario de Helga Deen: Kamp Vught: A la edad de 18 años, la joven cuenta en el libro, dirigido a su amigo Kees van den Berg, las sesiones antipiojos, las deportaciones de niños y cómo la desesperación se adueña de su ánimo tras la salida de 1.300 niños hacia Auschwitz y Sobibor. [Fuente: El País]

–> El humo de Birkenau. Liana Millu: seis relatos descarnados sobre las condiciones extremas de vida en los campos de concentración y exterminio nazis, donde se percibe que, si esto es posible, la supervivencia de las mujeres prisioneras era doblemente difícil. [Fuente: Acantilado]

–> Suite francesa. Irène Némirovski: el relato se inicia en París los días previos a la invasión alemana, en un clima de incertidumbre e incredulidad. Enseguida, tras las primeras bombas, miles de familias se lanzan a las carreteras en coche, en bicicleta o a pie. A medida que los alemanes van tomando posesión del país, se vislumbra un desmoronamiento del orden social imperante y el nacimiento de una nueva época. [Fuente: Lecturalia]

Otras escritoras que fueron víctimas del nazismo y acabaron muriendo en campos de concentración y exterminio fueron Milena Jesenská, Else Feldman, Selma Meerbaum-Eisinger, Else Ury, o Edith Stein (Santa Teresa Benedictina de la Cruz).

Para saber más:

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