La locura camaleónica

[artículo publicado originalmente el 10 de febrero de 2012 en el extinto blog Lecturas en femenino dependiente de la plataforma Libros.com. Pincha aquí si quieres consultarlo completo]


Todo el mundo anda como loco recordándonos, como decían en el gran clásico del cine Hércules (versión de Disney…), que por amor siempre se hacen grandes locuras. ¡Ah, el amor!, ese sentimiento que ha llenado tantas páginas en los libros, tantos fotogramas en las películas, tantas notas en las canciones, tantas pinceladas en los cuadros, tantos catálogos en los centros comerciales… Bueno, lo vais captando, ¿no? Que con la excusa del San Valentín, que visto lo que nos vienen bombardeando está muy cerca, nos hemos vuelto vulgares y predecibles (la bibliotecaria maleducada y yo misma); y, ansiosas por responder a cuestiones mundanas, queremos acotar lo indefinible: ¿quién nos explicará qué es el amor? Hemos preguntado por ahí, y nos han dicho que ciertas mujeres pueden ayudarnos a captar su esencia, alejándose de convencionalismos, aunque les será imposible ofrecernos una descripción cierta y veraz. Su herramienta para cincelar las raíces, el tronco, las ramas, las flores y los frutos del amor son los versos: solemos llamarlas poetas. Y, según su perspectiva, no siempre ese amor es tan idílico y halagüeño como los catálogos de los centros comerciales nos quieren hacer creer.

Así, Sylvia Plath, intrigada a partes iguales por el amor y por la muerte, roza la incredulidad hacia el primero como cauce hacia el compromiso social que es el matrimonio, y aunque en ocasiones exalta la pasión amorosa no duda en revelarse crítica y mordaz ante la visión de un amor mitificado, auscultar la violencia que puede esconderse tras ese sentimiento y los conflictos que ocasiona, y ello sin cejar en el empeño de defender la dignidad de la mujer en todo momento.

Gabriela Mistral, por su parte, en una serie de cartas dirigidas a Magallanes Moure, hasta 38, va desgranando su visión negativa del amor como cautiverio, como un erotismo atrapado por la atracción física, inexistente sin la proximidad de un cuerpo, y que teje una relación hiriente en la que la mujer siempre sale perdiendo.

Más recientemente, Gioconda Belli evoca el amor más sensual, el arte de los sentidos, el erotismo más volcánico, el que desde antiguo está presente en el mundo, entre los hombres y las mujeres, volando libre y apasionado.

Pero sería injusta si no mencionase más que estos nombres sin apostillar que, como bien supondréis, el que las poetas hablen de amor no es algo reciente, ni está ceñido a un ámbito geográfico o cultural concreto. Al fin y al cabo, el amor es Jerónimo, es lanzarse desde la azotea de un rascacielos gritando Jerónimo como un loco y no tener miedo de estrellarse contra el suelo porque… el amor te da alas (esa era la descripción aproximada que nos daba sobre el tema el excéntrico Jerry Fletcher –Mel Gibson– en Conspiración). Y con esas alas podemos surcar el mundo a través del tiempo y el espacio.

Así descubrimos que no todas las poetas creen que el amor sea conflictivo, que esclavice, o que sólo podamos aproximarnos a él a través del goce de los sentidos. Para la princesa andalusí Wallâda, por ejemplo, era además traicionero, y lo sentía así porque su amado la engañaba y abusaba de su condición masculina para serle infiel.

¡Oh, por Cupido! ¿Acaso ninguna poeta ha sentido en su pecho las tiernas mariposas, en sus labios una brisa embaucadora, en su frente el júbilo ardoroso, llano y simple, de amar y sentirse amada, la cálida caricia del amor?

Porque, en su complejidad, el amor es un camaleón que muda sus colores como el clima. No lo mitifiquemos, no lo adobemos de candor y romanticismo, no nos apresuremos a descalificarlo tampoco, ni lo fragmentemos. Tomémoslo tal y como venga, con toda su gama de grises, con toda su confusa camaleonidad:

¡Enamorémonos todos los días del año!

(Ya veis, hasta las peores maleducadas nos volvemos sentimentales de vez en cuando…).

Nuestras fuentes:

cuore

Pintando un corazón, símbolo del amor.
Autor: Wilmar .t.l.r. Licencia: CC BY-SA 3.0
Fuente: Wikimedia Commons

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