QUIÉN LEE A VIRGINIA WOOLF: EL DEBATE DE UNA HABITACIÓN PROPIA

El título del post parafrasea el título de una pieza teatral de 1962, ¿Quién teme a Virginia Woolf? (que no tiene demasiado que ver con nuestra autora). No sé quién leía a Virginia Woolf en 1929, el año en que se publicó Una habitación propia, aunque no cabe duda de que causó cierto revuelo en las estudiadas élites británicas trascendiendo fronteras (prueba de ello es, por ejemplo, la atención que le presta en España Revista de Occidente). Lo que sí tengo claro es que en 2014 su relevancia como mito del feminismo, quizás incluso por encima de su talla literaria, sigue vigente. Tal vez precisamente porque su obra sigue originando debate en torno a ella.

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Una habitación propia suscita reacciones encontradas en quien lo lee. Decididamente, yo no tengo más opción que recomendároslo aunque no sea más que por el hecho de poner el dedo sobre la llaga que supuso en su momento histórico que se intentase poner de manifiesto que la literatura escrita por mujeres, por el mero hecho de serlo, no debería ser inferior a la escrita por varones, desmontando los prejuicios que sobre ella existían y que, desafortunadamente, todavía hoy, 85 años después, subyacen en el subconsciente colectivo y que podemos ver reflejada en la pregunta que nunca falta en entrevistas leídas a escritoras: ¿existe la literatura femenina? Como lo bautizamos desde Maleducadas, #elgrandebate.

Como siempre, no voy a tratar de buscar respuesta a los interrogantes y reflexiones que la lectura me ha sugerido, sino que más bien intentaré compartirlos para que seáis vosotras y vosotros quienes los podáis contrastar con vuestras propias impresiones si habéis leído o llegáis a leer esta pequeña joya de la literata inglesa. No obstante, antes de abordar mi decálogo de puntos a tener en cuenta, debo advertir que la obra analizada es un ensayo, no una obra científica, siendo por tanto rebatible de principio a fin tanto la obra en cuestión como los “peces” (metáfora woolfiana por “ideas”) que podamos poner en la mesa de nuestro conocimiento a partir de ella. Es cuestionable y subjetiva. Y la autora ya lo avisa: se trata de una opinión, “su” opinión. Pero una opinión, al fin y al cabo, basada en su experiencia como mujer con inquietudes intelectuales y literarias en la Inglaterra de entreguerras, y como tal la habremos de valorar.

1. Mary Beton, la voz narradora

Me resultó curioso el recurso de la creación del personaje narrador, mujer bautizada como Mary Beton (o Mary Seton, o Mary Carmichael, a gusto del consumidor o consumidora), en un intento por alejarse de la concreción y acercarse a una universalización de la posición de cualquier mujer ante la literatura, aunque sospechosamente Mary Beton guarda innumerables similitudes con Virginia Woolf, como su nacionalidad y estatus social. En ese sentido, recordé la breve Carta a Eduarda de Rosalía de Castro, donde, en forma de epístola atribuída a una tal Nicanora, critica los prejuicios sociales que deben hacer frente las mujeres escritoras en 1865, mucho antes de que lo haga Virginia Woolf.

2. Quinientas libras al año y un cuarto propio

El principal argumento defendido en el ensayo es que, para que cualquiera pueda dedicarse a la escritura y, muy especialmente, las mujeres, son casi imprescindibles dos factores: independencia económica y un espacio personal (ejemplarizados en esas quinientas libras y ese cuarto o habitación propia). Si el razonamiento es apropiado o no, no podría asegurarlo, porque me da la impresión que se plantea casi como un paradigma o evidencia a priori, surgida de la observación y la experiencia, que será el detonante de la reflexión plasmada en el ensayo y no su culmen, al menos desde mi punto de vista. Es una hipótesis que a ojos vista parece lógica e irrefutable, pero siempre ha habido casos en los que la lógica no ha imperado. De todas formas, a falta de pruebas en contra, debo estar de acuerdo con lo que se me antoja una certeza.

3. Espacios vedados a las mujeres de ayer y hoy

La idea del cuarto propio se va formando (según se cuenta) mientras Mary Beton visita el recinto de Oxbridge, construcción mental que combina los nombres de Oxford y Cambridge para dar como resultado un paradigma de la formación universitaria exclusiva para varones en la época de Virginia Woolf. No sólo la formación les estaba vedada a las de nuestro sexo, sino también el acceso a ciertos lugares como el evocador jardín o la histórica biblioteca, mientras que a otros (como el comedor) sólo podían acceder con autorización previa. Qué lejanos esos tiempos donde muchos espacios estaban vedados a las mujeres, ¿no creéis? Tal vez no tanto, pues cabe recordar que sólo hace pocos años muchos casinos y ateneos, espacios de debate intelectual, como el Café Casino de Santiago de Compostela, prohibían la entrada a mujeres. Por cierto, si alguien localiza una referencia en la web que lo atestigüe puede dejarla en los comentarios, porque a mí personalmente no me ha sido posible encontrarla.

Lo que sí he encontrado han sido listados de lugares que nos están prohibidos a quienes tenemos útero, muchos de ellos “sagrados” y vetados a las féminas por motivos supuestamente religiosos, comenzando por el Monte Omine (Japón) o el Athos (Grecia), el Museo Te Papa (Nueva Zelanda), el templo de Haji Ali Dargah (India), la playa de Mlimadji (islas Comores), estadios de fútbol (Irán y Arabia Saudí) o espacios de ritos secretos como el del kava de los Nakulamene, de las islas Vanuatu (sí, del programa Perdidos en la Tribu también se aprende…) o el salón del cónclave papal (en el no tan lejano Vaticano), siguiendo con monasterios o escuelas sólo para hombres o sólo para mujeres (tampoco eso me acaba de convencer, sobre todo lo segundo, teniendo en cuenta que lo primero suelen ser espacios privados y de libre elección de quien los pisa). También existe segregación en el transporte público (en lugares tan dispares como México, Reino Unido, Israel o Japón). Y habría que seguir con ciertos cafés (en los enlaces que adjuntaré se menciona específicamente Grecia, pero ¿qué mujer de nuestro país no se ha sentido desubicada observada por los clientes-hombres de alguna tasca perdida?) y establecimientos hosteleros, como el hotel Conexión (Niza, Francia) donde, eso sí, no pueden entrar mujeres pero tampoco (según dicen los enlaces) hombres heterosexuales. Y luego tenemos los países donde la ley religiosa se interpreta de forma tan parcial que las mujeres no tienen permiso ni para salir a la calle, a no ser que vayan escoltadas por un hombre. Recordemos a lectoras y lectores que este último párrafo se refiere al presente y no a 1929.

En los siguientes enlaces podéis leer sobre los lugares prohibidos, total o parcialmente, a las mujeres de 2014:

4. La amenaza al patriarcado y la ira consecuente

Según el análisis de Virginia Woolf tal y como lo he entendido, divagando sobre el tema de las mujeres y la novela, acerca del que la invitaran a dar una conferencia, tropezó con numerosas obras firmadas por hombres que estudiaban a las mujeres desde diferentes ópticas y aspectos, y en demasiadas ocasiones eran catalogadas por diferentes autores-varones como incapaces o inferiores para ciertas tareas, como la elevación intelectual. Woolf, que ya achacara la escasez de escritoras respecto al alto número de escritores a la falta de dinero y de una habitación propia, se siente indignada e iracunda. La ira está presente, pero no sólo en ella, sino en la hostilidad de esos ciertos hombres ante el sexo femenino. ¿Por qué? La explicación es el sentimiento de amenaza de la situación de privilegio que el sexo masculino ha vivido a lo largo de la historia, en superioridad de condiciones frente al aplastado sexo femenino, a quien no pueden menos que considerar inferior y sentir así henchida su autoestima; amenaza que en 1929 sienten crecer ante el renovado movimiento de liberación de la mujer impulsado principalmente por el sufragismo. De ahí la proliferación de obras sobre mujeres, en un intento de reafirmación masculina del propio sexo.

Debo decir que el razonamiento tiene sentido, aunque desde la perspectiva de 2014 lo encuentro algo endeble. Realmente, ¿puede la ira y la inseguridad justificar por sí solos todo un credo de dominación masculina sobre el tan habitualmente llamado, aún hoy, “sexo débil”, que sería -ay qué risa me da- el mío? Valdría la pena reflexionar un poco más, pero la extensión de esta entrada no lo va a hacer posible. Hacedlo, pues, vosotras y vosotros por mí, querid@s maleducad@s.

5. Judith Shakespeare, enterrada pero esperada

Es muy conocida la alegoría creada por Virginia Woolf en Una habitación propia según la cual el dramaturgo inglés William Shakespeare tuvo una hermana con igual capacidad que él para la creación literaria, pero por su condición femenina acabó despreciada, maltratada y muerta en plena juventud, y enterrada en el olvido, allí “donde paran ahora los autobuses, frente al Elephant and Castle”. Pero, para Virginia Woolf, Judith Shakespeare, de forma que me pareció emocionante, no murió realmente (dado que, por otra parte, nunca existió, que se sepa), sino que vive en nosotras, las mujeres, “vive en vosotras -diría Woolf en la alocución final dirigida a una invisible audiencia femenina- en muchas otras mujeres que no están aquí esta noche porque están lavando los platos y poniendo a los niños en la cama. Pero vive; porque los grandes poetas no mueren; son presencias continuas; sólo necesitan la oportunidad de andar entre nosotros hechos carne”, en clara comparación de quien escribe con maestía con las inmortales divinidades. Entonces, como el mismo Cristo hecho hombre para liberar a la humanidad, ¿Judith viviría para liberar a las escritoras de las cadenas que las impiden realizarse como tales?

6. La olvidada historia de las mujeres

Critica también Virginia Woolf en su texto, así como la hipotética marginación de las Judiths literatas de la historia, la marginación general de la historia construída por las mujeres, con excepción obligada de reinas y otros personajes femeninos de rancio abolengo. En eso hube de darle la razón, porque a casi nadie le ha importado mucho hasta ahora la vida sencilla y sacrificada de millares de generaciones de mujeres, pero todo el mundo puede mencionar al menos alguno de los “grandes acontecimientos” históricos protagonizados mayoritariamente por nombres masculinos, con esa miríada de descubridores y navegantes, conquistadores y líderes religiosos, y hay que rascar la superficie para oír hablar de una Egeria, por ejemplo, y por debajo de ella permanecen olvidadas por el devenir del calendario las infinitas vidas de mujeres y también de hombres “corrientes” (y aquí es donde yo digo que, aunque no nos recuerde ningún libro, todos tenemos algo que nos hace especiales, que nos saca de “lo corriente”). Y ahí no creo que sea cuestión de sexo: la vida cotidiana de la clase más humilde raramente trasciende en los libros de Historia.

7. Escritoras de referencia para Virginia Woolf

Mientras esperamos el resurgir de la Judith más brillante, por el camino han ido apareciendo otras que merecen destacarse en opinión de Virginia Woolf, y aquí las cito para aquellas personas a quienes pueda resultar de interés, si bien, tal vez bajo el influjo del patriotismo británico, todas las literatas que se mencionan son de cuna inglesa (no podemos culparla, incluso yo, en la redacción de este blog, me encuentro con que suelo centrar mi atención en aquellas escritoras que tengo más cerca; supongo que es un defecto humano -no obstante, permitid que os recuerde que en cierta ocasión exploramos la galería de estupendas escritoras victorianas que parió el Imperio Británico-). Entre las que desfilan por las páginas de Una habitación propia establece dos categorías: las que han conseguido escribir libres del peso de su propio sexo y las que todavía lo arrastran, retomando aquí el concepto de “la ira”. Quienes no superan ese estigma (es estigma para Virginia Woolf a la hora de escribir) no alcanzarán la inmortalidad, porque sus textos estarán impregandos en mayor o menor medida por una ira 1(y miedo y odio) y/o unos modelos literarios que los hará inatrayentes para la otra mitad de la población; es decir, la obra de una escritora se verá rechazada por los lectores y la de un  escritor por las lectoras.

Y paso a citar algunos nombres nombres:

– Admiradas por Virginia Woolf: Jane Austen, por supuesto, como autora de Orgullo y prejuicio (obra que Virgnia Woolf no cesa de encumbrar)  y junto a ella Emily Brontë con Cumbres borrascosas , y podríamos incluír a George Eliot y su Middlemarch (en alguna parte del libro hace también mención al hecho del frecuente uso de seudónimos masculinos por parte de las escritoras). Con ellas, como precursora, se menciona a la dramaturga Aphra Behn, a quien yo, particularmente,  no conocía, así que la he buscado en Wikipedia –> Aphra Behn en Wikipedia.

– Censuradas por Virginia Woolf: es necesario aclarar que, más que una censura, debería hablar de una decepción, de lo que algunas escritoras pudieron aportar a la literatura comparado con lo que dieron al permitir que su obra se tiñera de sus propios sentimientos de rabia y dolor por saberse parte de la mitad ninguneada de la población e intentar en algún caso expresarlo a costa de la fuerza de la historia escrita, como sería el caso de Jane Eyre, novela que ya leímos en este mismo club de lectura. Virginia Woolf no censura el talento de su autora, Charlote Brontë, que intuye mayor que el de la misma Jane Austen, sino el hecho de que ese talento no pueda manifestarse en todo su esplendor porque en las páginas de su obra se desliza una indignación ajena a la novela, pues proviene de las circunstancias de su autora (o eso entendí yo que quería decir Virginia Woolf, en todo caso). Otras autoras cuyas obras no superan esa criba de “la ira”, por así decir, que tanto turba a Virginia Woolf, serían Lady Winchelsea (Anne Finch) y Margaret de Newcastle (Margaret Cavendish).

Cuando me encontraba así sola, más de una vez oía la risa de Grace Poole… [fragmento de Jane Eyre, de Charlotte Brontë].

Una interrupción un poco abrupta, pensé. Es penoso tropezar de pronto con Grace Poole. Perturba la continuidad. Se diría, proseguí, posando el libro junto a Orgullo y prejuicio, que la mujer que escribió estas páginas era más genial que Jane Austen, pero si uno las lee con cuidado, observando estas sacudidas, esta indignación, comprende que el genio de esta mujer nunca logrará manifestarse completo e intacto. En sus libros habrá deformaciones, desviaciones. Escribirá con furia en lugar de escribir con calma. Escribirá alocadamente en lugar de escribir con sensatez. Hablará de sí misma en lugar de hablar de sus personajes. Está en guerra contra su suerte. ¿Cómo hubiera podido evitar morir joven, frustrada y contrariada?

Virginia Woolf, Una habitación propia (1929)

Lo que sí puedo confesar es que personalmente, entre Jane Austen y Charlotte Brontë, me quedo con la segunda

8. El símbolo del taxi compartido y la necesidad de la androginia literaria

Asomada a la ventana, Mary Beton otea el fluir de la ciudad, el ir y venir de gentes, el ruido constante, los olores agresivos, en una tumultuosa confusión que puede llegar a enervar al espectador. De repente, todo parece aquietarse por un instante, y un taxi entra en la calle. De un lado y otro de la misma aparecen un hombre y una mujer que, puestos de acuerdo, toman el vehículo y se alejan en una explosión de súbita armonía, antes de que el motor arranque de nuevo y velozmente vuelva a sumarse al caótico tráfico que bulle en el Londres de 1929. He ahí la respuesta al conflicto que ha generado en su propia mente el divagar acerca de la mujer y la novela. Realmente, ¿no es preciso que superemos la etiqueta de nuestro sexo y avancemos en comunión hombres y mujeres como dentro de aquel taxi? La búsqueda de la androginia al escribir, la indistinción de género, es para Virginia Woolf la revelación suprema que llevará al nacimiento de esa Judith Skakespeare que todavía esperamos. Porque eso es lo que encontró en el propio Skakespeare, que no escribía como hombre sino como ser humano, más allá de su sexo, y eso lo llevo a ser genial. No es cuestión tampoco de, siendo mujeres, intentar escribir como hombres ni viceversa, sabiendo que toda persona lleva dentro, en mayor o menor medida, una parte masculina y otra femenina, sino de encontrar la unidad donde ambas se internen sin conflicto en la senda de la literatura. Y entonces Judith llegará. Suena tan bello y apasionado que me pregunto si será verdad.

Y digo yo, tal vez esa imagen del taxi compartido, con los Pink Taxi circulando en Gran Bretaña (ver enlaces del punto 3), no hubiera podido llegar a producirse

9. Más allá de Una habitación propia: textos de Virginia Woolf sobre mujeres y literatura

Existen muchos ensayos de Virginia Woolf acerca del tema de las mujeres y la literatura, aunque el más conocido sea probablemente este que he intentado diseccionar hoy para vosotros. Os animo a que los busquéis y lo leáis si Una habitación propia os ha parecido interesante, porque lo completan y lo perfilan. Serían, entre otros: Profesiones para mujeres (conferencia leída en 1931 y publicada postumamente en 1942), Mujeres novelistas (reseña de Las mujeres novelistas de R. Brimley Johnson -1918- publicada en 1918), cartas de Woolf en octubre de 1920 al New Statesman (donde la escritora responde a Affable Hawk -Desmond MacCarthy en realidad- que reseñara la obra Our Women, de Arnold Bennet, donde el autor afirmaba que las mujeres eran intelectualmente inferiores a los hombres, Las mujeres y la ficción (ensayo de 1929 en el que ya defiende el axioma tiempo libre, dinero y un cuarto propio como base para la creación literaria femenina normalizada y de calidad), La característica femenina en la ficción (reseña de The Femenine Note in Fiction de W.L. Courtney -1904- publicada en 1905), etc.

10. La importancia del Círculo de Bloomsbury y su poder mediático: el caso “Dreadnought Hoax”

Como Virginia Woolf denuncia, las mujeres inglesas de su época no tenían acceso a una educación universitaria normalizada, así que su formación superior corrió por otros derroteros, el principal de los cuales fue su participación, cuando todavía era Virginia Stephen -su apellido de soltera- en las reuniones que en su casa organizaba junto a un grupo de intelectuales, escritores y artistas entre los que se encontraba quien sería su futuro marido -Leonard Woolf- y su futuro cuñado -Clive Bell- así como su hermana, Vanessa Bell, que fue pintora. Ese grupo, al que pertenecieron otras escritoras como Katherine Mansfield, fue conocido como el Círculo de Bloomsbury -el barrio de Londres donde se reunían-, y saltó a la fama mediática gracias a una gran patraña diseñada para poner en evidencia al gobierno: el caso “Dreadnought Hoax“. En esta farsa participó Virginia Woolf travestida (con barba y turbante) como parte del supuesto séquito del emperador de Abisinia, y fueron recibidos con honores de Estado en una de las joyas navales del Imperio Británico: el acorazado HMS Dreadnought, buque insignia de la Royal Navy.

Adivinad quién es Virginia Woolf en este exótico séquito

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Fuentes de referencia empleadas

  1. FORTES, Belén (coord.). Escrita e mulleres: doce ensaios arredor de Virginia Woolf. Sotelo Blanco: Santiago de Compostela, D.L. 2003
  2. WOOLF, Virginia. Un cuarto de seu. Xunta de Galicia, Servizo Galego de Igualdade; Sotelo Blanco: Santiago de Compostela, D.L. 2005
  3. WOOLF, Virginia. Una habitación propia. Barcelona: Seix-Barral, 2008

 

Bibliografía sobre Virginia Woolf disponible en las bibliotecas nodales de Galicia

  • ANTOLÍN VILLOTA, Luisa. Virginia Woolf : la escritora de lo invisible / Luisa Antolín Villota ; [ilustraciones], Antonia Santolaya. Madrid : Violetainfantil, [2008]

->> Este libro está pensado para niñ@s (y mayores)

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  • BELL, Quentin. Virginia Woolf. [Barcelona] : Lumen, 2008
    DUNN, Janne. Vanessa Bell, Virginia Woolf : historia de una conspiración. Barcelona : CIRCE, 2003
  • FUSINI, Nadia. Poseo mi alma : el secreto de Virginia Woolf. Madrid : Siruela, D.L. 2008
  • GAZIER, Michèle. Virginia Woolf / guión de Michele Gazier ; dibujos de Bernard Ciccolini. Madrid : Impedimenta, D.L. 2012

–> Este libro es un cómic

VW-COMIC

  • PÉREZ RICO, Susana. La imagen en la palabra : las adaptaciones cinematográficas de Virginia Woolf. Vigo : Academia del Hispanismo, 2008 (Vigo : Tórculo Artes Gráficas)

–> En la película Las horas (2002), dirigida por Stephen Daldry, Nicole Kidman interpreta a Virginia Woolf

  • RAMPELLO, Liliana. Virginia Woolf : la vida en la escritura. Madrid : Narcea, [2009]
  • RUBIO, Jesús. Virginia Woolf. Arganda del Rey (Madrid) : Edimat, D.L. 2005
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6 pensamientos en “QUIÉN LEE A VIRGINIA WOOLF: EL DEBATE DE UNA HABITACIÓN PROPIA

  1. irene b dice:

    Una amiga me pasó este blog, me parece muy interesante el título y voy a leerlo esta tarde. De paso, te cuento que sí, que hay muchos que seguimos leyendo a Virginia Woolf, e incluso escribiendo sobre su vida y su obra. Acá te paso, por si te interesa, info de mi libro “Virginia Woolf. La vida por escrito” http://www.revistaarcadia.com/impresa/libros/articulo/virginia-woolf-la-vida-por-escrito/34781 http://www.editorialtaurus.com/co/libro/virginia-woolf-la-vida-por-escrito/

  2. […] Quería ser ella, tener una habitación y, después, una casa propia. Y ni siquiera había leído a Virginia Woolf. La vida, a veces, la […]

  3. […] Máis información no meu blog Maleducadas: Quién lee a Virginia Woolf: el debate de “Una habitación propia”. […]

  4. […] –> Además, en Maleducadas: Quién lee a Virginia Woolf: el debate de “Una habitación propia”. […]

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