Maleducadas criaturas

Hace mucho mucho tiempo una jovencita (ya no tan jovencita) caminaba por el caminito del mundo de los bits con los pies en la tierra y la cabeza en dos lunas cuando apareció Gemeíl, el cartero. Gemeíl le entregó a la bella e inteligente jovencita Dúas Lúas (¿algún problema por los adjetivos, eh, eh?) una carta donde la intrépida aventurera y valiente exploradora de la imaginación Dolores Payás la hacía partícipe de su nuevo descubrimiento: “Adorables criaturas”.

En resumen, para quienes no gustéis de mensajes crípticos, desde la última vez que actualizamos nuestro blog hemos contactado con la escritora Dolores Payás y leído su fascinante y maleducada novela “Adorables criaturas”.

De ella (de la autora), sabemos que es una viajera incansable (de cuna barcelonesa, ha recalado en numerosos puertos, como México, Grecia o, más recientemente, la emergente China), amante de la literatura (no podía ser de otra forma, como lo demuestra su libro Drink Time! (en compañía de Patrick Leigh Formor), y siempre ligada a las letras y el lenguaje, como lo demuestra su trayectoria como traductora, guionista o articulista en medios como El País.

adorables criaturasEn “Adorables criaturas” retrata la sociedad española del siglo XIX de manos del pudiente matrimonio De Ubach permiténdonos el contraste con la sociedad inglesa de la que, por la trayectoria diplomática del padre, pertenecía la joven esposa, Inés. Toda una disectomía que pone en el candelero el rol de la mujer en el pasado y su evolución hasta nuestros días.

Más allá de juicios de valor que, como siempre, nos encontramos incapacitadas para realizar, lo que realmente nos gusta es conocer más cosas sobre la autora y su libro. Por eso, para que podáis saber más sobre ambos, la aludida ha accedido a responder a nuestra inagotable curiosidad que hemos encorsetado en nuestro habitual decálogo.

Punto 1. Personajes femeninos. ¿Te has servido de prototipos para construirlos?  A mi modo de ver, cada uno representa un prototipo del universo femenino que regía el siglo XIX: la modosa institutriz inglesa, el servicio doméstico con su cocinera colorada y entrada en carnes y la pareja de disipadas doncellitas, la hermana sufragista y el ángel de la casa. Y luego, rompiendo moldes, aparece ella, la nodriza sin nombre, como un bulbo trasplantado a un ambiente tan distinto al suyo (de miseria a opulencia, de rural a urbanita) para ofrecernos una óptica peculiar de todo el cuadro.

Respuesta (Dolores Payás): Muy cierto. Adorables Criaturas es una novela coral en la que conviven e inter actúan varios de los prototipos femeninos del siglo. Pero me agrada mucho que plantees la pregunta en términos “utilitarios”. Pues en tu redacción lo precisas de un modo muy ajustado. En efecto, me he servido de prototipos, incluso estereotipos, para construir, partiendo de ellos, personajes tridimensionales. La diferencia no es baladí desde el punto de vista de la dramaturgia. Los prototipos son estáticos y simples; los personajes crecen y evolucionan de manera compleja y a veces imprevisible. Yo he querido, y espero haberlo conseguido, que todos mis personajes crezcan y muden y se transmuten. También, aunque en menor medida, los que actúan a modo de comparsa. Desde luego, también la propia nodriza, un personaje en principio monolítico, blindado, que al final de la historia consigue superar esta fase primaria para mostrarnos aspectos sorprendentes.

Me alegro mucho de que nombres a la institutriz pues éste es un personaje femenino que siempre me ha resultado muy conmovedor, y supongo que mi amor por Miss Lucy trasciende el papel y me delata. La institutriz es una burguesa en estado de necesidad. Ha tenido una educación de señorita pero sus circunstancias familiares -pobreza repentina, casi siempre- la obligan a saltar a las arenas de la vida cuando nadie la ha preparado para ello, pues su destino natural hubiera sido un buen matrimonio o una soltería holgada. De hecho, está mucho menos preparada para la vida que sus compañeras nacidas en clases más desfavorecidas, pues éstas asumen su condición sin remilgos o prejuicios de clase. Es entonces  cuando la hija burguesa se ve obligada a vender lo único que posee: su educación. En el panorama doméstico su estatus es difícil y ambiguo pues no pertenece ni “arriba”, con los señores, ni “abajo”, con el servicio. No participa plenamente de ninguno de los dos mundos. Come con los señores, pero no es igual a ellos y, en cambio, tiene una jerarquía superior a la del servicio llano, que la mira con desconfianza y a menudo hostilidad. Es un personaje solitario, desposeído por completo. Carece de familia propia, carece de casa y de puntos de referencia. Para colmo, en la literatura del siglo aparece muy a menudo como una sirena peligrosa, siempre dispuesta a seducir al señor de la casa…

La nodriza “in situ”, que vivía con la familia, es un personaje muy goloso desde el punto de vista dramático. Y lo es por muchas razones, la más obvia de ellas es la relación -seguramente tensa, cuando menos enredada-, que mantenía con la madre biológica del recién nacido. Por supuesto, la nodriza también es un personaje que atragantaba al servicio llano. No hay que olvidar que apenas trabajaba, que vestía ropas de buena calidad y se le reservaba la mejor comida de la casa, pues la función única y exclusiva del personaje es proporcionar leche abundante y de primera calidad. En el Nouveau Dictionnaire de médecine et de chirurgie, el Doctor Devillier decía lo siguiente: Una nodriza debe ser considerada sólo como una vaca lechera, en el momento en que pierda esta cualidad es imprescindible despedirla de inmediato. Pues no sólo se habrá convertido en un animal inútil sino también en un animal peligroso”. La visión de Devillier es común, y los exámenes médicos a los que se sometía a las nodrizas demuestran que la crudeza de su aseveración no es en absoluto insólita para la época.  De alguna manera, la nodriza era una expresión exasperada y descomunal de la mujer objeto. También hay que tener en cuenta que las nodrizas procedían de los extractos más bajos de la sociedad. Por definición, eran mujeres tan pobres que se veían obligadas a abandonar a sus hijos recién nacidos para amamantar a los ajenos. Por supuesto, se establecía una asociación mental casi inmediata entre nodriza y campo, y entre nodriza y regiones verdes llenas de pastos fértiles, por eso las nodrizas venían siempre de las regiones del Norte: Normandía o Bretaña en Francia, Galicia o Asturias en España. Pero además de estas consideraciones, que ya de por sí son muy interesantes, yo he querido subrayar los rasgos del personaje en el imaginario colectivo. Porque ahí me he topado con la posibilidad de utilizar a la nodriza como un símbolo extraordinario. Vamos a ver si consigo explicarme. La burguesía, clase pujante en el momento, trata, por encima de todo, de domeñar a la naturaleza, de ahí la insistente ocultación del sexo y el agobiante revestimiento -donde todo se reblandece para crear un confort artificial- de los espacios domésticos. El burgués teme a lo salvaje. Teme la fuerza desatada de la Naturaleza, el descontrol de los elementos. El burgués se refugia en su castillo y ahí pretende crearse un mundo que es ajeno a la realidad (no hay que olvidar que en el exterior hay ya una nueva clase social que está en marcha y le es hostil: el proletariado). Mi nodriza introduce un elemento perturbador y salvaje en este mundo de opereta y colores pastel. De ahí que yo la haya creado como una fuerza de la Naturaleza en estado puro y bruto. Y si te fijas, la he dibujado con un naturalismo teatral, a menudo acompañado por los elementos: tormentas, viento, lluvia. El truco puede parecer muy cinematográfico -muy efectos especiales- pero Dickens ya se servía de él.

Punto 2. Universo masculino. Utiliza a las mujeres sin pararse a intentar comprenderlas. Las tratan como mujer-objeto, absurdas, sin conciencia intelectual a la altura de la suya ni sentimientos racionales bien definidos. Adorables criaturas, bonita expresión. Y, con todo, al cerrar el libro flota a mi alrededor la sensación de que las adorables criaturas son todos ellos, incapaces de acercarse a la complejidad que abarca la personalidad de la mayoría de las mujeres que intervienen en la novela. ¿Estás de acuerdo?

Respuesta: No quisiera que los lectores de la novela fueran en exceso severos con mis personajes masculinos. Todos ellos, al igual que los femeninos, viven atrapados en la jaula de hierro de su tiempo. Hacen las cosas lo mejor que pueden y saben, aunque eso nunca es garantía de final feliz. No lo fue entonces y tampoco lo es ahora. He procurado ser comprensiva, y, sobre todo, compasiva, con todos mis personajes. Suscribo cien por cien la cita de Hannah Arendt que abre el libro: “What is important for me is understand. I want to understand. And if others understand –in the same sense I have understood– that gives me a sense of satisfaction, like feeling at home”. León de Ubach, de hecho, es un hombre cargado de buenas intenciones y seguramente lo mejor que en aquel momento podía dar una sociedad como la nuestra. Es un hombre equivocado, pero en absoluto malvado o exento de méritos. Ama, lo que sucede es que ama del único modo en que le enseñaron a amar: sintiendo que la mujer es una bella prolongación de si mismo, algo así como un apéndice decorativo y hermoso. Este sentimiento de fusión amorosa -idea heredera del amor romántico: la entrega absoluta- ha jugado siempre en contra de las mujeres. Digamos que la fusión ha sido, de modo casi invariable, a favor de él, y la que se ha anulado  para fundirse con el otro es ella y raras veces ha sido él (tampoco un fifty fifty…). Hoy día aún es un sentimiento bastante común. De un modo casi inercial, el amante masculino ve a su enamorada como parte de sí mismo. Y cuando ella muestra cierta independencia, ya sea de criterio o de acción, él suele quedarse pasmado, o dolido….

Punto 3. Claves del siglo XIX: toda escena lleva la etiqueta decimonónica: la referencia a escritoras inglesas de la época, el auge de socialismos y feminismos, o las modas rápidamente superadas de contratar  nodrizas y diagnosticar histerias. ¿Un sólido trabajo de documentación o pasión personal previa por ese momento histórico?

Respuesta: Ambas cosas son ciertas. Hubo un trabajo de documentación muy consistente que además duró años. De hecho, empezó en una época en la que aún no existía la navegación por internet y, por supuesto, nada de wikipedias o  buscadores. Creo que ésta aparente carencia jugó a favor de la novela. Me permitió crearla despacio, con mucha reflexión, directa y transversal, y de un modo profundo, sedimentado. No fue una gestación rápida, todo lo contrario, fue exasperadamente pausada y orgánica, como un árbol de lento crecimiento. En ocasiones resultó desesperante, y hubo veces en las que tuve la impresión de estar librando una batalla a muerte con el texto.

El siglo XIX me es muy caro. Por su literatura, por las mujeres escritoras, y por sus grandes novelas. Pero hay otra razón de mucho peso. Si prescindimos de pirotecnias tecnológicas, el siglo XIX sigue siendo nuestro siglo. Casi todos los discursos que se dieron a finales del XIX continúan sobre la mesa y algunos de ellos casi permanecen en su estado original. Por ejemplo, en estos precisos momentos, en la Europa dizque civilizada estamos viviendo un estupendo revival Darwinista, me refiero a la utilización de sus postulados con fines nefastos. El capitalismo salvaje, la codicia insaciable de las clases dirigentes y la absoluta sumisión de los políticos -totalmente secuestrados por la clase financiera- está dejando a los más débiles -y menos débiles- en la cuneta. Y nos estamos acostumbrando a ello, y cada vez nos escandaliza menos que la economía se rija por la ley del más fuerte. Y empieza a parecernos natural practicar la caridad en vez de batallar por la justicia social (no es que tuviéramos mucha pero al lado de lo que está sucediendo ahora, viváimos en la gloria, al menos en Europa).

Punto 4. Servidumbre también protagonista, y no como subespecie o mero adorno (por ejemplo, la nodriza enjoyada para que no desentonara con el bebé de su señora). Recuerdo que leyendo a Agatha Christie siempre me llamaba la atención la poca atención que se les prestaba a la hora de resolver los crímenes que se planteaban, como si fuesen los autómatas de Yo, robot incapacitados para el libre albedrío de atentar contra sus señores o algo por el estilo, como si la distancia entre la alta alcurnia y los miserables fuese insalvable hasta para las balas, venenos y cuchillos. ¿Echabas de menos, como yo, más protagonismo literario de esa clase trabajadora y ensombrecida? ¿O, por el contrario, nos puedes recomendar más ejemplos que rompan esa especie de tabú?

Respuesta: Me resulta un poco difícil contestarte a esta pregunta. Mi novela es una radiografía de la burguesía, no de la clase trabajadora. Sin embargo, para que este universo burgués fuera creíble y para que el lector se sumergiera en él de modo incuestionable (que me lo comprara, vaya), había que conseguir dibujar todo el tapiz, con sus texturas y sus pliegues y sus matices. Y el tapiz hubiera sido muy incompleto y poco creíble si hubiera prescindido de las dependencias del servicio. Claro que tanto la institutriz como la nodriza pertenecen al servicio aunque sus roles sean poco convencionales, y en este aspecto es cierto que he hecho de ellas personajes claves. Y en cuanto a la Colonia industrial y sus trabajadores, me han servido tan sólo como telón de fondo. Si hubiera entrado más en serio en ese universo, me temo que aún estaría en ello!.

En estos momentos no se me ocurre ningún ejemplo de ficción centrada en el servicio, salvo “The remains of the day”, de Kazuo Ishiguro. Lo cual demuestra que tú tienes razón en lo que planteas!

Punto 5. El ángel de la casa es un estereotipo muy marcado en el personaje de Inés; estereotuipo contra el que nuestra querida maleducada Virginia Woolf confesó haber atentado tras ponerse a escribir. ¿Todavía pervive hoy en día, y todavía tenemos la obligación de asesinarlo para liberarnos?

Respuesta: Oh si, el ángel del hogar existe. Y no sólo existe, si no que se ha refinado y ha adquirido ramificaciones a veces muy perversas. Puede que el ángel de la casa hogar ya no lo sea del hogar estrictamente, pero sí se espera que la mujer siga siendo poco menos que angelical en todos los ámbitos de la vida. De nosotras se espera que seamos agradables y dulces, que nos deshagamos en sonrisas y que tengamos buen aspecto caiga lo que caiga. Que mimemos a nuestros compañeros y que amemos a nuestros hijos de un cierto modo (nada más edulcorado que la imagen de la maternidad en el imaginario actual; ridícula, cursi, irreal)

Un caballero parco en palabras y poco dado a las sonrisas es, simplemente, un hombre serio que destila solidez e inspira confianza. Una mujer parca y sobria, que sonríe poco, es una mujer que tiene mal carácter; es antipática y desagradable. Estoy caricaturizando, por supuesto, pero sigue siendo una realidad. Y eso por no hablar del paso del tiempo y de las huellas que deja en nosotras y que se supone estamos obligadas a borrar a costa de sufrimientos y riesgos para la salud, gastos idiotas y mucha angustia frente al espejo. Como si la idea de estar sometidas a un proceso natural común a toda la humanidad resultara una humillación personal. Esta es una de esas ramificaciones perversas que te comentaba antes. La obsesión por la cirugía estética, a la que hoy se someten muchas mujeres inteligentes con supuesta naturalidad (y con argumentos justificativos de toda clase), no es más que una ratificación de lo que se espera de nosotros, que seamos Adorables. La cirugía estética es una respuesta paroxísistica a esta demanda del imaginario colectivo, que nos sigue queriendo “Adorables” y suaves, en vez de arrugadas y llenas de rasgos expresivos más propios de viejas brujas de féminas encantadoras.

Y todo esto con el agravante de que ahora también se espera que ganemos dinero.

Punto 6. El estilo, no sé si estarás de acuerdo conmigo, se me antoja muy naturalista, con ciertas reminiscencias pardobacianas. Leyendo ciertos párrafos de la novela recordé mis lecturas de obras como La tribuna o Los pazos de Ulloa. ¿Hay algo de eso o es simple casualidad? (si bien, yo no creo mucho en casualidades).

Respuesta: Acepto el cumplido con mucha humildad y una gran satisfacción. Dicho esto, leí a la Pardo Bazán cuando tenía 15 o 16 años. No la he releído más, así que cualquier semejanza de estilo debe ser más intuitiva o azarosa que real, o quizá procede de los pozos de mi memoria; recuerdo que me impresionó la Pardo Bazán. En cualquier caso, sí quisiera decir que me entristece y asusta el empobrecimiento del lenguaje que estamos viviendo. Me parece una pérdida dramática. No me es concebible imaginar una sociedad que no consigue expresarse con cierta riqueza.  Al escribir Adorables Criaturas me he convertido en una militante literaria, por decirlo de alguna manera. Y creo que la novela es tanto una reivindicación del lenguaje como de la dignidad femenina.

Punto 7. La estructura es puramente teatral, transcurriendo la acción en distintos actos hasta el acto final, muy del tipo tragedia griega o shakespeareana (o de su hermana, recordando de nuevo a Virginia Woolf con Una habitación propia), se van sucediendo los actos hasta el irremisible final. No quiero ser acusada de destrozar la lectura de quien aún no haya tenido acceso a Adorables criaturas pero,  ¿el final podría haber sido distinto?

Respuesta: Empiezo respondiendo lo último. No. El final no podía haber sido distinto. Por muchas razones que, en efecto, no podemos detallar sin echar a perder la lectura de la novela, pero además existe una razón técnica de mucho peso. Y es que esta es una novela construida de atrás hacia delante. La escena clave de la obra es el encuentro entre la nodriza -personaje arcaico, la máxima cosificación de la mujer- y la sufragista, la mujer que ha elegido la independencia contra viento y marea, incluso contra ella misma, contra sus propias emociones (algo que creo casi todas las mujeres hemos vivido en algún momento). Esa mujer es moderna, esa mujer somos ya nosotras. Y yo la amo como a hermana, pero eso es otra historia….

En efecto, la estructura de la novela es teatral, de hecho, tiene los cinco actos del teatro Isabelino. No es casual. La burguesía vive en una perpetua representación y en unos escenarios muy teatrales. De ahí la elección de este recurso narrativo. Me pareció que era conveniente, que ayudaba a reforzar ese universo que he querido trasmitir, con sus tensiones, dramas y -también- logros.

Punto 8. Pura curiosidad: ¿hablas gallego en la intimidad? Curiosidad que, como imaginarás, viene a cuento de unas pocas frases en la maternal lengua maleducada que recoges de boca de algún personaje.

Respuesta: No. No lo hablo, pero domino bien tres lenguas latinas y creo que con eso una puede manejarse en una cuarta, al menos a nivel de comprensión. Por supuesto, tuve que recurrir a un traductor para los diálogos en gallego.

Punto 9. La autora (es decir, tú misma…). A través de lo que aparece en internet, hemos podido saber de tus colaboraciones en prensa, pero ¿es ésta tu primera incursión en la novela? Porque, si es así, esperamos que no sea la última…

Respuesta: Vengo del mundo del guión de cine y televisión, de ahí que tenga tan imbuida la mecánica de la dramaturgia y de la visualización.

En los últimos años he abandonado por completo el mundo audiovisual para dedicarme sólo a la literatura. He empezado por la traducción literaria, que es un aprendizaje maravilloso para la escritura, algo así como una gimnasia intensa diaria. En paralelo, me he ido fogueando con artículos en prensa cultural.

Y si, esta es mi primera novela, aunque también acabo de publicar -recién hace una semana- una semblanza literaria, un pequeño ensayo sobre un escritor inglés al que he traducido y con el que tuve el privilegio de tratar durante un tiempo. El libro se titula Drink Time! (en compañía de Patrick Leigh Fermor), y lo ha publicado le Editorial Acantilado. Es pequeño pero muy sabroso y bello, estoy contenta con él.

Y ahora mismo estoy batallando con una segunda novela…..vamos a ver qué sale y, muy en especial, cuándo sale…me temo que soy muy lenta.

Punto 10. Y, como siempre, un espacio para ti que podría encuadrarse bajo tres palabras franqueadas por sendos signos interrogativos: ¿algo que añadir?

Respuesta: Veo que la entrevista ha resultado muy larga, así que te agradezco en lo que vale que me permitas este último desahogo. Va ser cortito. A todo lo que ya hemos comentado me agradaría añadir que me siento particularmente orgullosa y satisfecha de las partes cómicas de la novela. Y de los personajes que cargan con la labor -creo que fundamental- de convocar los anti clímax. En suma, de los personajes que se encargan de aliviar y hacer sonreír, a veces reír con franqueza, al lector. Y de entre todos ellos, la señorita Pepita y el Indiano son mis dilectos. Muchas gracias.

¡Gracias a nosotras no, sino a Dolores Payás por su cordialidad y disposición en todo momento! No nos cabe duda de que será una maleducada que dará qué hablar.

Nos despedimos ya, que hasta las maleducadas tenemos que dormir, con la ilusión de haber abierto tu apetito intelectual y, de haberlo hecho, estamos de enhorabuena. Para que puedas saciarlo sin demora, embriaga esa curiosidad con nuestros enlaces. ¡No olvides devorar nuestro anexo de referencias!

–> Maleducadas criaturas: anexo de referencias.

Y además:

¡Nos seguimos, maleducad@s!

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