Creadoras unidas contra la desigualdad

Clásicas y Modernas es una asociación que persigue la igualdad de género en la cultura, apoyando a las artistas dentro de sus distintas categorías (escritoras incluidas) y presidida por la escritora Laura Freixas.

Laura Freixas (Barcelona, 1958) es licenciada en Derecho aunque su labor principal ha transcurrido siempre al servicio de la escritura, bien estudiando aquella escrita por mujeres, bien desarrollando obras de ficción. Hemos hablado con ella acerca de la situación de (des)igualdad de las mujeres en la literatura y también nos hemos interesado por su obra. ¡Nos os perdáis esta interesante conversación! Como imaginaréis, las preguntas son cosa nuestra, y las respuestas de Laura Freixas.*

Pregunta. Me gustaría comenzar las preguntas modificando ligeramente una que no puede faltar en las entrevistas que, por lo que hemos visto, les hacen l@s periodistas a las escritoras de forma más o menos directa o encubierta: ¿existe la literatura masculina? (ya imaginarás en qué consiste la modificación).

Respuesta. Por supuesto que existe, ¡¡y gracias por preguntármelo!! Tiene las siguientes características: 1/ sus protagonistas son mayoritariamente masculinos, 2/ si aparecen personajes femeninos, suelen ser vistos solamente en su relación con los hombres (como esposas, amantes, madres de varones…) y no en su relación con otras mujeres o como individuos con un proyecto vital propio, 3/ se da una gran presencia de experiencias tradicionalmente masculinas (como la guerra) y de relaciones entre hombres (rivales, amigos, camaradas, maestro-discípulo, etc.) y una escasísima representación de experiencias femeninas (por ejemplo, la maternidad).

P. Es cosa sabida que para que, en sus inicios, la saga de Harry Potter fuese más comercial y atractiva a los lectores masculinos, la editorial le propuso a la autora que camuflase el hecho de ser mujer (escritora, en el contexto) bajo unas iniciales (y así Joanne Rowling pasa a ser J.K. Rowling). ¿Te has planteado a lo largo de tu carrera algo semejante?

R. En efecto, a lo largo de la historia y aún hoy muchas escritoras piensan, o sienten oscuramente, que serán más respetadas si se “masculinizan” ya sea adoptando un nombre masculino (o al menos no femenino), o escribiendo sobre personajes o experiencias masculinas. Creo que es una táctica que aunque a veces resulte útil a la autora en cuestión (adoptando un pseudónimo masculino, George Sand o George Eliot indicaban que no querían ser consideradas escritoras “femeninas” y por lo tanto de segunda categoría), perjudica a todas las mujeres, pues corrobora, acepta, la idea de que lo masculino es de algún modo superior. Aunque solo fuera por eso, no lo voy a hacer nunca. No disimulo mi sexo igual que no disimulo mi edad.

P. Durante mis años de estudiante en el instituto, sobre la asignatura de literatura, apenas puedo recordar un par de libros obligatorios escritos por mujeres. Alguno más, tal vez. Pero en su mayoría eran de autoría masculina. ¿Esto es así porque en la historia de la literatura no hubo escritoras de suficiente calidad para representar los cánones de cada época?

R. Ha habido muchas más escritoras, y mucho mejores, de lo que habitualmente se cree (lo mismo se aplica a las artistas, científicas, políticas, etc). Pero el patriarcado, basado en dicotomías como “hombre=sujeto/ mujer=objeto de representación, hombre=creador de obras del espíritu / mujer = creadora exclusivamente de seres de carne y hueso, hombre=cultura / mujer =naturaleza” tiene mucha fuerza y mucha inercia, y eso explica que inconsciente pero sistemáticamente se excluya, se invisibilice, a las mujeres que desmienten esas dicotomía.

P. Somos fieles lectoras de Rosalía de Castro. Entre otros textos, la poeta gallega escribió una sugerente “Carta a Eduarda” donde vierte su amarga experiencia como mujer y escritora en el siglo XIX. En ella menciona, por ejemplo, que se le achaca que descuida la atención a su familia, que se piensa que algunos de sus escritos son obra de su marido, que genera envidias que la tachan de soberbia… Aunque el papel de la escritora se ha normalizado en nuestros días respecto a la época que padeció Rosalía, ¿hay situaciones de desigualdad que todavía no están superadas?

R. Sí, por supuesto, el panorama literario es profundamente desigual: como en otros campos, las mujeres son mayoritarias en la base (lectoras, filólogas, profesionales de la cultura en los niveles más bajos) mientras que en la cima hay una gran mayoría masculina (premios, reconocimiento institucional, presencia en los medios de comunicación, Academias, puestos de poder en general). Lo que pasa es que el sexismo se ha vuelto subterráneo. Ya no está bien visto, no tiene una justificación teórica, no se defiende abiertamente. Pero se sigue ejerciendo en gestos más o menos inconscientes como seleccionar autores y no autoras, obras de hombres y no de mujeres, o dar a éstas (a las autoras y a sus obras) menos espacio, menos relevancia.

P. Ampliando el panorama de la literatura al arte en general, y volviendo la vista atrás, muy atrás, el año pasado visité una cueva prehistórica con las paredes repletas de pinturas rupestres. Recordé las ilustraciones de libros de historia en las que hombres de barba desaliñada y cubiertos con pieles pintaban escenas de caza a la luz de una antorcha. Y entonces le pregunté al guía si podía saberse el sexo de tales artistas. La respuesta fue que no, que podrían haber sido tanto hombres como mujeres, que en las manos que grababan en la piedra con pigmentos se descubrían rasgos tanto masculinos como femeninos. Entonces, ¿por qué no recuerdo haber visto mujeres prehistóricas pintoras, cubiertas de pieles, ilustrando los libros de historia?

R. Buena pregunta, házsela a Rocío de la Villa, la primera presidenta de MAV, a quien recuerdo haber oído contar algo parecido.

(Así imaginamos a las hipotéticas pintoras de la prehistoria: ¡de lo más maleducadas!)

P. Hay un gran debate surgido alrededor del sexismo en el lenguaje, que en ocasiones parece reducirse a quienes defienden la economía del lenguaje frente a quienes apuestan por la visibilización de la mujer. ¿Qué opinas tú al respecto?

R. El lenguaje es importantísimo y como escritora lucho sin cesar para que diga lo que yo quiero decir y no lo que dice cuando habla solo (un ejemplo al azar: no hay una sola palabra para decir “hombre promiscuo y por lo tanto despreciable” pero hay unas 700 para decir “mujer promiscua y por lo tanto despreciable”: me refiero a los 700 sinónimos de puta). Yo sigo mucho en este terreno a mis admiradas Eulàlia Lledó y Mercedes Bengoechea.

P. En un vídeo descubrimos que coleccionas críticas literarias sexistas, en mayor o menor grado, sobre obras escritas por mujeres. Concretamente, comentas una correspondiente a la obra de Nuria Amat, la “escritora a secas” (y documentalista, como apunta mi compañera, la Bibliotecaria Maleducada). Tal vez deberíamos copiarte la idea, porque debe de resultar una experiencia tremendamente ilustrativa. ¿Tienes algún otro ejemplo llamativo que quieras compartir con nosotras?

R. En mis libros Literatura y mujeres y La novela femenil y sus lectrices encontraréis un montón. Son casi divertidos…

P. Has publicado una extensa bibliografía compuesta por títulos diversos tanto de ficción como de no ficción (en estos últimos destacan tus estudios como experta en cuestiones de igualdad y literatura). “Los otros son más felices” es tu última novela, según nuestros datos, publicada en 2011. La protagonista es una chica de 14 años que vive el despertar de la madurez durante un verano que marcará su vida. ¿Por qué ese título que llama al desasosiego, desde mi punto de vista? ¿La madurez, traducida como acopio de conocimiento, nos aleja de la felicidad? Es decir, ¿el saber lleva aparejado el reconocer que “los otros son más felices”?

R. No, es un título irónico, porque expresa, dicho en lenguaje infantil (la frase la dijo mi hija que tenía entonces 10 o 12 años, en un momento de tristeza), un pensamiento que en el fondo todos hemos tenido alguna vez o tenemos. Pero creo que la madurez consiste justamente en superarlo.

P. Volviendo al presente, ¿estás trabajando en alguna obra de ficción?

R. Estoy a punto de publicar mi diario. Es una decisión que me ha costado tomar, he esperado muchos años para hacerlo (esta primera entrega corresponde a los años 1991 a 94, se titula Una vida subterránea y saldrá en mayo en Errata Naturae) y de la que estoy muy contenta (aunque un poco nerviosa también porque es muy, muy personal).

P. Últimamente, ¿has leído alguna escrita por manos femeninas que quieras recomendar a nuestr@s lector@s?

R. La autora que os voy a recomendar ya la había leído pero la estoy releyendo para un curso que voy a dar en el Instituto Cervantes de Rio de Janeiro: me refiero a Clarice Lispector. Una autora genial, de la que recomiendo sobre todo, al menos para empezar, los cuentos.

P. Si deseas exponer alguna otra cuestión, éste es tu espacio. Pero, antes de que hagas uso de él, permítenos darte las gracias por conversar con nosotras.

R. ¡Gracias a vosotras!

Como veis, querid@s lector@s maleducad@s, las reflexiones son tan interesantes que darían pie a un debate mayor, así que, para intentar compensar el haberos dejado con la miel en los labios, ¡completad la información con nuestro anexo de referencias!

¡Nos seguimos, maleducad@s!

* Añadido a 20 de abril de 2013

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  1. […] Aquí puedes leer la entrevista completa publicada en el blog Maleducadas. […]

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