Cuatro sabias tan sabias que hasta la Iglesia lo ha reconocido

No sé el motivo de que, al acercarse la semana santa, me acuerde de todas esas escritoras conventuales, que han aportado a la literatura universal su arte al servicio de la mística y de la ardiente pasión que nacen de su fe. Han sido muchas, algunas anónimas, con toda probabilidad, pero otras, increíblemente, han sobrepasado los muros de su encierro y han llegado hasta nuestros días siendo incluso admirada su importante labor por la Iglesia a la que pertenecieron.

Y mira que es difícil que la Iglesia Católica ensalce la sabiduría de las mujeres cultas, no entiendo bien por qué. Tal vez no se trate de la Iglesia solamente sino de la sociedad en general, que no ha estado nada proclive a reconocer el trabajo intelectual de las mentes femeninas, y todavía las literatas de nuestros días lo tienen mucho más complicado que los varones para acceder a un hueco en el mundo del libro. No lo decimos nosotras sino las estadísticas: en general, sólo un 20% de novedades literarias o premios se anuncian bajo el nombre de una escritora, con casos extremos donde no hayamos el nombre de una sola mujer.

Volviendo a nuestro caso, de los 35 doctores y doctoras de la Iglesia (ese título que encumbra la erudición de ciertos maestros y maestras de la fe católica), sólo 4 son mujeres, lo que en términos porcentuales no llega ni a un 12%. ¿Quiénes son estas 4 maleducadas que desde 1970 han conseguido romper este eclesiástico techo de cristal? Nada más y nada menos que cuatro religiosas de armas tomar: la española Teresa de Ávila (por otro nombre, Teresa de Jesús) y Catalina de Siena, reconocidas en 1970, Teresa de Lisieux (conocida como Teresita del Niño Jesús), que alcanza ese honor en 1997, y la última incorporación, conjunta con el español Juan de Ávila, ha sido Hildegarda de Binge, en el otoño de 2012 (hace nada, vaya). Las cuatro, además de doctoras, son consideradas santas por la Iglesia Católica.

¿Quieres saber más de ellas y de las distintas espiritualidades que impregnan sus obras? No tienes más que seguir leyendo:

TERESA DE ÁVILA

En pocas palabras, Teresa de Ávila (o Teresa de Jesús), se hizo famosa ya en vida (allá por el siglo XVI) por la mística que envolvían tanto sus actos (trances y éxtasis arrolladores) como sus obras, cargadas de profunda pasión hacia Dios, y fue una radical renovadora de la orden religiosa a la que perteneció, fundando las Carmelitas descalzas.

SU OBRA

Compuesta principalmente por obras místicas de carácter didáctico: Camino de perfección; Conceptos del amor de Dios y Castillo interior o Las moradas son las 3 más importantes dentro de esa clasificación, pero no son, ni con mucho, las únicas. A ellas debemos añadir: Vida de Santa Teresa de Jesús (escrita por ella misma); Libro de las relaciones; Libro de las fundaciones; Libro de las constituciones; Avisos de Santa Teresa; Modo de visitar los conventos de religiosas; Exclamaciones del alma a su Dios; Meditaciones sobre los cantares; Visita de descalzas; Avisos; Ordenanzas de una cofradía; Apuntaciones; Desafío espiritual y Vejamen. Junto a estas obras místicas, se conservan cartas, poesías sueltas y otros escritos breves.

CATALINA DE SIENA

Por su parte, Catalina de Siena o Benincasa, italiana del siglo XIV, vivió entre visiones místicas y embajadas políticas a favor de la paz entre las naciones itálicas de la época, manteniendo correspondencia con personas de distinta extracción social (de la humilde al papa) y no temiendo integrarse con los enfermos que proliferaban a causa de la galopante peste.

SU OBRA

Dentro de sus obras destaca Diálogo de la Divina Providencia, o, simplemente, Diálogo, escrito al parecer en sólo 5 días bajo un estado de éxtasis religioso, pero encontramos además 26 oraciones y 381 cartas que serán fundamento de la literatura toscana vernácula.

TERESA DE LISIEUX

Teresita de Lisieux, nacida María Francisca Teresa Martín Guerin, es la más cercana en el tiempo a nosotras, ya que vivió en el siglo XIX. De las cuatro doctoras, se trata sin duda de la menos activa, puesto que se recluyó en el convento desde los 15 años y allí se dedicó a la oración, si bien, para alcanzar ese deseo tuvo que elevar su petición hasta el mismo Papa, dado que las instancias intermedias no accedían ante su petición de enclaustramiento.

SU OBRA

Historia de un Alma, compuesta por 3 relatos autobiográficos, es su principal obra, aunque se conservan además cartas personales, poemas religiosos, obras teatrales y otros textos dispersos.

HILDEGARDA DE BINGEN

En contraposición a la espiritualidad intensa pero intramuros de Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz (que sí, que este era el nombre completo) tenemos a la última incorporación al grupo: la abadesa Hildegard von Bingen (Hildegarda de Bingen), una mujer todoterreno en pleno siglo XII: inquieta y decidida líder monacal, médica, escritora, mística y profeta: un auténtico terremoto maleducado a quien también se la conoce como la sibila del Rin o la profetisa teutónica.

SU OBRA

Su obra mística se recoge en varios volúmenes, como el Libro de los méritos de la vida, cuyo título completo es Liber vite meritorum, per simplicem hominem a vivente lucem revelatorum, o el Liber divinorum operum o Libro de las obras divinas, a los que suelen unirse textos de Lingua ignota, primera lengua artificial conocida de la historia y razón de que fuera nombrada patrona de los esperantistas. Además de éstas, escribió obras científicas y musicales, y nos han llegado otros escritos sueltos.

PARA SABER MÁS

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