Caperucita en Garatare: el debate de Caperucita en Manhattan

¿Qué es Garatare?, les pregunto. Una palabra nueva, responden.

(Bernardo Atxaga)

Las palabras son mágicas. Quien crea palabras (como las niñas que ríen mientras exclaman: ¡Garatare!, según escribe Bernardo Atxaga), es un mago. ¿No me crees? Pondremos un ejemplo: una palabra mágica… una palabra mágica… ¡ya la tengo! ¡Abracadabra! Muy vista. Supercalifragilísticoespialidoso. Muy larga. Bibidibobodibú. Tanta be, no sé yo… ¡Alohomora! ¡Que no, que fijo que la Rowling nos hace pagar derechos de autor! Piensa, piensa… Miranfú… Yo no, que pienses tú… Miranfú… Que no, que pienses t… oye, espera un momento, ¡miranfú!

[Inciso maleducado: a partir de aquí, Dúas Lúas no se hace responsable del posible spóiler que contenga el texto y de los daños y perjuicios que genere en quienes todavía no hayan leído Caperucita en Manhattan, de Carmen Martín Gaite]

Miranfú es la palabra mágica que mejor define el espíritu de Caperucita en Manhattan, pero posiblemente sólo con una palabra no acabéis de aprehender todo lo que me gustaría contaros acerca de este relato.

Estamos ante una fábula moderna que nos hace respirar el poder de la libertad encarnada en dos polos a primera vista opuestos: Sara Allen y Miss Lunatic, que viven en Nueva York bajo la sombra de un símbolo colosal, la Estatua de la Libertad, testigo mudo del trasiego de quienes hacen sus vidas en la Gran Manzana, ciudad que protagoniza la novela por encima de sus personajes, con Manhattan como corazón. O acaso ¿no es Nueva York quien da aliento y forma a unos personajes bastante encasillados en sus papeles (plenos, pero encasillados)?. La caótica urbe (con Manhattan en el centro, repito), se sale de sus fronteras naturales para empaparnos con su multiplicidad, colorido y contradicciones, como un enorme plantígrado desperezándose ante nuestros ojos tras un largo invierno, humanizándose a través de sus habitantes. ¿Exagero al considerar Nueva York un personaje protagonista?

Y esos habitantes, concretamente los que desfilan bajo la pluma de la escritora, transformándose en personajes protagonistas, secundarios… terciarios, incluso, ¡qué decir! Una auténtica gozada. ¡Vaya un plantel de lujo! Sara Allen, sus padres, sus vecinos, el niño de sus vecinos, su abuela, el exnovio rey-librero de su abuela, el Dulce Lobo y su único amigo, los conductores de limusinas, el equipo de rodaje, el comisario, el dueño del restaurante chino… hasta el vampiro del Bronx, remedo de asesino en serie y personaje entrañable de la jungla neoyorquina, y, por supuestísimo, Miss Lunatic, madame Bartholdi. Confieso que me gustaría escribirle una carta (¡cuántas cosas le diría!), pero me da vergüenza, así que he decido darle a la tecla para dirigirme a Sara, que también quiero decirle unas cuantas cosas. Me pregunto a qué personaje le escribiríais vosotr@s, no sólo de este libro, sino de cualquier libro, y qué le diríais…

Carta a Sara Allen:

Querida Sara: Eres una niña muy especial, ¿lo sabías? Caminas sola por el bosque de Nueva York con tu chubasquero rojo y tu cesta con la deliciosa tarta de fresa que todo el mundo ensalza menos tú, que ya estás harta de comerla, pobrecilla. Y te paras a observar a los fantasmas que cruzan la ciudad bajo tierra, a través de los túneles del metro. Y sueñas con viajar en limusine blanca (es tu mayor deseo, o al menos, el mayor que se te ocurre cuando el más dulce de los lobos te interroga, porque antes ya habías pedido cerrando los ojos y soplando unas velas volver a ver a tu abuela vestida de verde, qué bien le sentaba). No soportas a la ñoña de tu vecina. Te paras a conversar amigablemente con entera libertad con estrafalarios y atemporales trotamundos sin temer a vampiros despiadados. Das la espalda a la magia del cine. Sólo tienes diez años pero ya has descubierto la magia de las palabras. O las palabras mágicas. Y guardas en tu poder una moneda que, cual ficha de metro, abre las puertas a la libertad. Bienvenida a Manhattan, pequeña Sara, tu isla con forma de jamón. Jamón tan sabroso no lo habías probado antes, no tan intensamente, ¿miranfú? ¡La libertad!

Cerrada, sellada, lacrada y enviada con destino… ¿quién sabe?

Antes de despedirme quisiera destacar otro par de aspectos que he pasado por alto, pero considero tremendamente sugerentes: el amor de Sara Allen por los libros, que la hace ver el mundo con otra mirada, y, por supuesto, la revisión de los cuentos clásicos que se nos propone.

Y, por si esta entrada no os bastara, os recomiendo encarecidamente el informe que hace de la obra Eloísa Cárdenas Yáñez, que, entre otros aspectos, hace hincapié en las similitudes y diferencias entre Caperucita en Manhattan y los cuentos clásicos, incluido el Caperucita original. ¡Es casi tan suculento como las tartas de fresa de la señora Allen! En resumen: un libro para comérselo.

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3 pensamientos en “Caperucita en Garatare: el debate de Caperucita en Manhattan

  1. […] en el libro de Carmen Martín Gaite, y por si no lo recordáis, yo misma decidí dirigirle una lacrimosa y sentimental misiva, lamentablemente muy poco maleducada… (esto de juzgarse a una misma resulta […]

  2. […] sus manías) y compartir el examen de ciertos libros (Sol de Inverno, El faro, Pollo con ciruelas, Caperucita en Manhattan), mientras alrededor de otros (O segredo da pedra figueira) organizamos campeonatos. Nos ha gustado […]

  3. […] Más información en mi blog Maleducadas: Caperucita en Garatare: el debate de “Caperucita en Manhattan”. […]

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