Me llamo Cándida, y he visto el cielo y el infierno

No es la primera vez que hablamos de los premios literarios por lo que tiene de paradójico que hoy en día de cada 100 premios 83 vayan a parar a hombres y 17 a mujeres. Con las estadísticas demoledoras en contra de las mujeres, hay quien ha decidido recurrir a la estrategia de crear premios literarios vedados al varón: sólo para mujeres.

¿La discriminación positiva es algo bueno o malo? Todavía no lo sé. Si el día aparece nublado, es lo peor que a alguien se le haya ocurrido jamás, pero si sale un rayo de sol, la cosa cambia y me parece lo más inteligente que se haya ideado para visibilizar la presencia de la mujer en diferentes ámbitos (puest@s a ser puntillos@s, este mismo blog claudica a la discriminación positiva).

En el caso que nos ocupa, la discriminación positiva atañe, como se ha dicho, al ámbito de los premios literarios, tan escorados hacia los varones que alguien tuvo la ocurrencia, no sé si feliz o infeliz, de crear algunos específicos para escritoras. Ahí tenemos el Premio Orange, que sólo admite a concurso obras en inglés escritas por mujeres, y cuya última edición se falló hace menos de una semana. La ganadora fue Madeline Miller. Pero no hace falta ir tan lejos para encontrar ejemplos de discriminación positiva en premios literarios: el Premi Literari Delta de narrativa escrita per Dones, por ejemplo, organizado de forma itinerante por municipios de la comarca del Baix Llobregat de Cataluña, y la VI y última edición (Esplugues de Llobregat, 2011-2012), la ha ganado Ció Lerma i Ballo con Qui t’havia dit que l’aigua del mar era dolça? (pinchando aquí podéis leer una entrevista con la autora).

Toda esta reflexión viene a colación por la publicación, hace justo un mes, de la obra finalista de la V edición del premio, Cándida, escrita por Isabel Lizarraga, una obra que no os podéis perder porque mezcla el rigor de la recreación histórica con la ficción literaria para narrar el inicio del movimiento feminista en España.

«Me llamo Cándida, Cándida Sanz Pedriza, y he visto el cielo y el infierno. He visto a una joven que creía en el mundo, que creía en su fuerza y que quería luchar, y ahora es un cuerpo estragado»

Según nos cuentan desde la editorial Buscarini, encargada de editarla, “la novela arranca el domingo 15 de septiembre de 1918, cuando la protagonista (Cándida Sanz Pedriza, de San Millán de la Cogolla y maestra de escuela en Logroño) toma un tren que le transportará a Madrid y, de la mano de la autora, llevará a los lectores a realizar un viaje en el tiempo hasta el inicio del movimiento feminista en la España de principios del siglo XX. Cándida conocerá en Madrid a mujeres tan importantes y apasionadas como su paisana, la escritora María de la O Lejárraga, Colombine, Clara Campoamor, la marquesa del Ter, Celsia Regis y Magda Donato; participará en el nacimiento de las primeras asociaciones de mujeres de España y en las entretelas del VIII Congreso de la Alianza Internacional para el Sufragio de la Mujer; mientras vive una historia de amor imposible. La obra Cándida acerca al lector a la lucha de las pioneras en defender los derechos de la mujer en España.”

¿Os está apeteciendo leerla tanto como a nosotras?

La escritora Isabel Lizarraga presenta su libro (Imagen cortesía de Editorial Buscarini)

 

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