No vamos a hablar de Marjane Satrapi: el debate de “Pollo con ciruelas”

Advertencia: Si no has leído… no, si no has visto… no, tampoco… si no has… compartido una parte de ti con la obra Pollo con ciruelas, entonces no sigas leyendo, porque vamos a devorar con hambre negra sus viñetas, sus globos, sus espacios vacíos y su partitura. No vamos a hablar de Marjane Satrapi, capaz de hacernos ver los colores de la realidad en blanco y negro, no vamos a hablar de las convulsiones históricas que padeció Irán en la década de los 50 del siglo XX, época en la que se desarrolla la historia, no vamos a hablar de riñas conyugales, discusiones de familia ni de relaciones sociales complicadas. No. Vamos a hablar de un tar y del hombre que lo hacía llorar, reír, cantar y hablar. El tar cobraba vida al ser pulsado y acariciado por su intérprete. Se llamaba Nasser Ali, y él mismo se tronzó a la mitad en el instante en que tronzaron su tar.

Nasser Ali se aferra a su tar tronzado

Para intentar entender la receta de este pollo con ciruelas, deconstruiremos el plato (como dicen que en la alta cocina deconstruyen las tortillas), señalando aquellos ingredientes que llamaron nuestra atención.

  • Elección del título: ¿Pollo con ciruelas es un título acertado? ¿Es realmente el pollo con ciruelas lo que podría haber cambiado el destino de Nasser Alí o, como todo buen musulmán admite, éste ya estaba escrito? Aquí lo dejamos.
  • Personificación del instrumento musical o extensión de su intérprete: Es lo primero que nos fascina: la unión casi mística que une a Nasser Ali con su tar. En Galicia, por ejemplo, Rosalía de Castro trasladó esta unión entre músico e intérprete a la unión entre una tierra (Galicia) y su instrumento por antonomasia (la gaita), respondiendo a Ventura Ruíz Aguilera que en 1860 aseguraba no poder decir “si [la gaita] canta o si llora”: Rosalía lo tenía claro: la gaita llora: “Eu podo dicirche / non canta que chora”.
  • Devaluación social de ciertas profesiones: el padre de Irane impide que su hija se comprometa con Nasser Alí porque era músico, equiparándolo a ser payaso, como profesiones que no aportan nada esencial a la sociedad. También hoy en día en nuestro país los políticos, al amparo de la crisis, devalúan profesiones que son muy necesarias en cualquier sociedad, como investigadores/as, médicos/as o profesores/as, o, como me apunta nuestra Bibliotecaria Maleducada, sus propios colegas, los bibliotecarios y bibliotecarias, que se ven obligados a ver recortes en las plantillas y en los servicios que ofrecen mientras se intenta cubrir el hueco de estos profesionales con “voluntarios”. Seguro que si Nasser Ali fuera bibliotecario, el padre de Irane lo compararía también con músicos y payasos.
  • Creencias universales rotas: ¿No es verdad que los padres quieran por naturaleza a sus hijos, ni que los quieran por igual? Nasser Ali, contra las creencias universales, es consciente de que su madre quería más a su hermano que a él (¿o simplemente lo sentía así?), y él mismo reconoce tener preferencias por una de sus hijas sobre todos y sentir una manía cargada de prejuicios hacia el más pequeño de sus retoños.
  • El sufismo: Del Islam la mayoría de la gente conoce a los barbudos extremistas que hablan de esconder a las mujeres bajo telas negras, pero no todo el mundo conoce a los conciliadores sufistas a los que Marjane Satrapi retrata en “Pollo con ciruelas”: el sufismo es una corriente mística del Islam que está presente en todos los países islámicos incluido el territorio de la antigua Persia (actual Irán). Los líderes espirituales del sufismo, como el que aparece en “Pollo con ciruelas”, en ocasiones son considerados santos que alcanzan una relación tan especial con Dios que les permite realizar milagros, como el acontecido con la madre de Nasser Ali cuando, durante su más tierna infancia, en manos de un maestro sufí, es revivida por acción del fuego, hecho que explicaría la constante alusión al humo y al tabaco durante la historia como puente entre la realidad cotidiana y un mundo espiritual más allá de las fronteras físicas.
  • El ángel de la muerte: La muerte, personificada por el ángel enviado por Dios, Azrael, es otro personaje más de la historia, por momentos anecdótico, como cuando se sirve de él para narrar una leyenda, y por momentos inquietante, como cuando se le aparece a Nasser Ali para anunciarle que ha sido escuchado o, más concretamente, en la escena final, donde todos los conocidos, amigos y familiares de Nasser Ali rodean su sepultura. Entre ellos, como uno más, aparece Azrael. Pero no fija su atención, como todos, en la sepultura, sino en la llorosa Irane… ¿Es pura curiosidad… o es algo más? ¿Acaso una parte de Irane murió con Nasser Alí, lo que suscita la atención de Azrael? ¿O es algo más terrible? ¿Está la autora anticipándonos sin palabras que la muerte acechaba a Irane en aquel cementerio? ¿Cuándo el tar se rompió en dos, hubo una tercera víctima?

¿Qué opináis? ¿Demasiadas preguntas sin respuesta? ¿Qué otras cuerdas de la historia pulsaríais vosotr@s?

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Un pensamiento en “No vamos a hablar de Marjane Satrapi: el debate de “Pollo con ciruelas”

  1. […] allá cada cuál con sus manías) y compartir el examen de ciertos libros (Sol de Inverno, El faro, Pollo con ciruelas, Caperucita en Manhattan), mientras alrededor de otros (O segredo da pedra figueira) organizamos […]

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