Debate sobre “El faro”, de P.D. James

Antes de nada, aviso para navegantes ante este tipo de debates: ojo, que no garantizo que lo que viene a continuación esté libre de spóiler, y a quienes aún no hayáis leído el libro igual os destripo alguna parte. Una vez aclarado este aspecto, vamos a lo fundamental:

¿Cómo comenzar un debate sobre El faro? Resulta difícil decidirse. Tal vez mencionando su atmósfera clásica, el escenario cerrado del que nadie puede entrar ni salir, donde el número de sospechosos es múltiple y al mismo tiempo limitado. O sus guiños al pasado, con la creación de un lugar donde la tecnología apenas tiene cabida, donde llega a extrañarnos que los personajes usen reproductores de CD y no tocadiscos, eso sí, para escuchar música clásica. También su solapada mención a la observancia del puritanismo, en franca decadencia, al describirnos a una joven a la que le no le incomoda enseñar el ombligo o tomar el sol en cueros, y la religiosidad acérrima de la única anglicana practicante de la isla, una señora de edad avanzada. Otro aspecto que me llamó la atención es la hipocresía reinante en la relación entre el escritor y su hija: ambos intentan construir una relación paterno-filial a todas luces abocada al fracaso, más conveniente que afectuosa.

Encontré a los personajes (casi todos) marcadamente arquetípicos: el médico que perdió una vida, el escritor incapaz de interiorizar los sentimientos que imbuye en sus personajes, el barquero solitario, el mayordomo fiel, etc. ¿Es posible que en algún momento se nos indique que todos interpretan ese papel sin llegar a creérselo? ¿Un mayordomo, en su fidelidad, llegaría a competir contra su señora en juegos de mesa?

Así, considero que la novela llega a ser vacua y en cierto modo delirante, forzada a ratos, pero tremendamente entrañable en su formalidad clásica, que intenta renovar con la aparición de elementos tecnológicos y la normalización de conductas en el pasado reprochables como el sexo prematrimonial.

Quizás no llegue a creerme la historia más que como un ejercicio de lógica e imaginación; quizás la intriga se resuelva de un modo demasiado casual y veloz, sin trucos finales como siempre espero de otras maestras del género. Pero para mí, nostálgica agathachristiana, cualquier parecido con las narraciones de mi devoción son bienvenidos, y la isla reúne algunos de sus ingredientes básicos. ¿Que se podría haber cocinado de otra manera? Pues sí. ¿Qué tendría otro sabor, otra textura? Claro. Pero qué le vamos a hacer, Agatha Christie sólo hubo una. ¿Me equivoco al creer que la elección del apellido Oliver para el escritor (Nathan Oliver) es precisamente una referencia a la dama del crimen y a su personaje Ariadne Oliver, novelista policíaca y más que probablemente álter ego de la propia Christie?

Autor: (A3R) angelrravelor (A3R). Licencia: Attribution

En resumen, y aún a costa de repetir los argumentos ya mencionados, El faro es una receta moderna que parte de ingredientes clásicos:

  1. El escenario cerrado del que (casi) nadie puede entrar ni salir, donde el número de sospechosos es múltiple y al mismo tiempo limitado.
  2. Los personajes sospechosos del primero al último, que contaron con móvil y ocasión.
  3. Los guiños al pasado, al componer un lugar anclado en otra época, hostil hacia las “licenciosas” costumbres modernas y reacio a las más básicas tecnologías. Llega a extrañarnos que los personajes usen reproductores de CD y no tocadiscos, eso sí, para escuchar música clásica.

Problema: están mal cocinados.

  1. La solución: casual y veloz. Sin sorpresas finales.
  2. El muerto no contaba con más aliados que una “chiquilla” de 18 años. Raro raro.
  3. El arma del crimen es localizada tras un esfuerzo colosal y en parte increíble.
  4. Algunos móviles resultan ridículos e inverosímiles, como el del hijo del alemán o el del barquero, que le reprochaban al escritor haber participado en unos hechos acaecidos cuando el hombre contaba con cuatro años de edad.
  5. No se aclaran algunos aspectos: la quema de papeles resulta que carece de importancia, que se insista hasta conseguir cerrar la puerta del faro como “escenario del crimen” resulta absurdo, hasta que al final descubrimos que el asesino usa esa excusa para poder encerrarse en el faro. Lo dicho: la autora le estaba haciendo la cama al asesino. ¿No sería más fácil que el faro hubiera permanecido abierto hasta la huída del asesino?
  6. La escena de la huída del asesino, que se quiere suicidar llevándose otra vida con él, resulta inverosímil. Si su intención no es salir de la isla llevando consigo una rehén, podría suicidarse en solitario y listo. Vamos: que si tú coges una rehén no es para suicidarte sino para escapar de la isla vivito y coleando. Digo yo. Supongo que la autora intentó darle un protagonismo final al escenario del faro.
  7. El título del faro no me convence: aunque es el escenario del crimen, el lugar que protagoniza la novela es la isla. Que el faro sea el espacio de la isla donde se condensan los hechos más trágicos de su historia resulta insuficiente para merecer el honor del título, ya que nada más que eso lo hace especial. En cambio, la isla es especial por todo lo que le concierne: su atmósfera, sus estatutos, sus moradores, su turbia historia… Que no variaría aunque el pesado del faro no hubiese existido.

A pesar de todo, y aunque parezca lo contrario, disfruté leyendo El faro. Pude percibir el carácter inglés flotando en sus páginas, el olor dulzón de la tragedia, y el gozo de disponer de una galería de sospechosos a los que analizar.

Me parece que con todo lo expuesto basta para que podáis comenzar a discutir mis opiniones y ponerme verde para bien o para mal. ¿Quién se atreve a dar el primer paso?

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Un pensamiento en “Debate sobre “El faro”, de P.D. James

  1. […] allá cada cuál con sus manías) y compartir el examen de ciertos libros (Sol de Inverno, El faro, Pollo con ciruelas, Caperucita en Manhattan), mientras alrededor de otros (O segredo da pedra […]

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